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8 de agosto de 2016

NUEVAS CRÓNICAS DEL HÉRCULES. EL FOCO DEL VERANO


A estas alturas, como se suele decir, estamos en pleno foco del verano, es decir en el momento álgido de las vacaciones y por tanto las playas están repletas, los paseos marítimos a ciertas horas agobiantes y en los bares y restaurantes de las zonas turísticas apenas se cabe.

Esta tarde hemos bajado a la playa para pasar un rato tranquilos tomando el sol, pero de pronto ha sobrevenido el terral, ese aire calentón que aparece en la costa malagueña y que hace que mucha gente tenga que refugiarse en el interior de bares y restaurantes para evitar el sofoco que supone la atmósfera asfixiante que se produce. La gente se pregunta, sin muchas ganas, como puede surgir de pronto ese calor sin que nadie lo espere,  entrándonos una cierta flojera en el cuerpo, aguantando hasta más tarde de lo habitual, durmiendo apenas.

Pero no pasa nada, en unas horas todo vuelve a la normalidad y al día siguiente bajaremos a la playa y de nuevo la multitud ocupará su tiempo de ocio en bañarse, tomar el sol o simplemente pasar el rato bajo la sombrilla intentando no pensar en exceso en el trabajo que espera tras los días del foco de verano, esos días en que intentamos olvidarnos de la rutina cotidiana a la que volveremos cuando las tardes sean más cortas y las noches algo más frescas. Pero mientras tanto aquí seguiremos, disfrutando de la desidia veraniega y de las vistas, si las tenemos del mar desde nuestra ventana.


22 de julio de 2016

NUEVAS CRÓNICAS DEL HÉRCULES. DE VUELTA A LA COSTA


Un año más de vuelta al Hércules he querido salir a la calle para recuperar el aire de esta localidad malagueña donde suelo pasar el verano. Poco ha cambiado, esa especie de indolencia propia del que apenas nada tiene que hacer se ve que sigue instalada en el ambiente veraniego de estos lugares de la costa.
El calor me lleva a buscar la poca sombra que los edificios proyectan sobre la avenida y como algo ya familiar, solo escucho lenguas hostiles que no entiendo pese a estar en mi tierra. El ruido de los coches, los colores de los carteles y anuncios de las numerosas tiendas y el trasiego de los preparativos de las mesas de las terrazas de  bares y restaurantes (que ya se sabe que los extranjeros almuerzan muy temprano) dotan a la avenida de un ambiente peculiar.

Tras la siesta bajaremos a la playa. Allí serán las sombrillas y las toallas las que ocupen la arena mientras chicos y mayores se meterán en el agua para ir tanteando la temperatura del mar. Otros pasearemos por la orilla o nos sentaremos a la sombra para ver pasar a la gente sintiendo el vaivén de las olas y el rumor de las conversaciones cercanas.

La tarde irá pasando, y cuando el sol se pierda por occidente dejaremos la playa, y un poco más tarde, ya de anochecida, volveremos a la calle sin prisas, retomando así la nueva rutina que se instala en nosotros durante unas semanas, con nuevos lugares y nuevas actividades, con nuevas conversaciones; y aquellos asuntos  que antes copaban nuestra atención ahora se quedan un tanto lejanos, al menos tanto como el despertador, ahora mudo testigo de nuestra casa vacía.

25 de julio de 2015

Una tarde de playa


El agua del mar roza mis pies en medio de una tarde calurosa sobre la arena.
Las páginas de un libro de Chesterton van pasando algo lentas bajo la sombrilla azul y rosa en que me cobijo hoy.
Las olas indolentes se estrellan en la orilla y se vuelven sin apenas sentirse. La gente charla, toma el sol o pasea y el verano poco a poco nos va envolviendo en una capa invisible de sal.
conforme avanza el día el sol se va ocultando asumo que va a ser hora de irse, guardo mi libro, recojo mi sombrilla y meto una última vez mis pies en el agua para deshacerme de los granos de arena que se han instalado entre mis dedos.

19 de agosto de 2014

Mi visita a París III. Los museos.

En París como en cualquier gran ciudad de larga trayectoria histórica hay numerosos museos de muy distintas materias, pero aquí, aunque nosotros solo visitamos tres, salimos más que satisfechos.
Entrada al Louvre
Diosa heládica de época arcaica




El primero y sin duda el más importante fue el Louvre que más que un museo, y tras su ampliación y remodelación conforma un gran conjunto museístico. La entrada por la pirámide de cristal, pese a parecerse demasiado a la de un moderno centro comercial, sin embargo es llamativa y original, y distribuye muy bien los  accesos a las distintas alas del antiguo palacio real. Evidentemente es imposible ver en un solo día el Louvre, como tampoco lo es visitar el Prado o cualquiera otro de los grandes museos del mundo, así que obtamos por comenzar visitando las antigüedades griegas, etruscas, romanas y egipcias, y en menor mediada las orientales. Cámara en ristre observamos el mundo griego a través de las muy diversas obras de las distintas etapas cronológicas, y aunque hay numerosas obras que podemos destacar, mi interés se centró en algunas concretas: la dama de Auxerre, la Hera dedálica, la Venus de Milo, las metopas del Partenón, modelos de atletas y guerreros clásicos y sobre todo, la Victoria de Samotracia. Destacar del mundo etrusco las urnas funerarias y otras piezas que nos van avanzando ya lo que luego será la gran cultura romana, también representada en el museo a través de numerosos retratos, esculturas, sarcófagos y pinturas.

Alegoría del Tiber
















El mundo del Egipto antiguo también llamó nuestra atención por la riqueza y variedad de la colección que alberga el museo y que nos lleva a los albores del mundo mediterráneo y la gran cultura que en torno al Nilo se generó.
Esfinge con cabeza de Ramses II 
La pintura europea medieval y moderna conforma otro de los grandes conjuntos artísticos que visitamos y aunque la más demandada sea la Gioconda (que pudimos ver y fotografiar por encima de numerosas cabezas de turistas) hay muchísimas obras obras de gran importancia que llegan hasta el siglo XIX: Rafael, Anibal Caracci, El Greco, Murillo, Caravaggio, Cimabue, Mantegna y otros muchos autores destacados de la historia de la pintura podemos encontrarlos en las galerías del Louvre.
En definitiva es este museo un lugar que hay que visitar, y a ser posible, en diversas ocasiones.
Cerca de allí, en la antigua estación de ferrocarril situada en el Quai d'Orsay nos encontraremos  con el museo del mismo nombre. Ya el edificio muestra un gran interés, pero son sin duda las obras que alberga lo más atractivo para el visitante, pues aquí podemos encontrar las obras de importantes artistas del siglo XIX, tanto anteriores al Impresionismo, como posteriores (Gaugin, Van Gogh, Millet, ...). Pero sin duda lo más atrayente son las salas dedicadas a los pintores impresionistas situadas en la parte alta del museo, donde podemos ver algunas de las obras más conocidas de este movimiento tan trascendental para el arte contemporáneo. Y no es esto sólo lo que podemos ver aquí, ya que en algunas salas un tanto escondidas podemos ver una estupenda colección de arte modernista (muebles, cristaleras, elementos decorativos muy diversos, y algunos cuadros de interés).
Interior del museo d'Orsay
Vista del museo de Rodin desde los jardines
El último de los museos que visitamos fue el dedicado a Rodín. Lo descubrimos casi por casualidad cuando nos dirigíamos al barrio Latino, al pasar por los Inválidos, y aunque solo pudimos ver las obras situadas en los jardines del palacete que alberga el museo, sin duda ninguna, merece la pena ya que aquí, entre la vegetación hallamos obras muy interesantes que al estar situadas al aire libre se pueden apreciar desde distintos puntos de vista y en distintos momentos del día con las distintas tonalidades que se genera.
En fin que París, a través de sus museos nos muestra que sigue siendo un centro mundial de la cultura y el arte, y que solo  por visitar estos y otros museos, ya merece la pena ir.



5 de agosto de 2014

Mi visita a París II. La torre Eiffel

La torre Eiffel es sin duda el símbolo más conocido de París de cara al mundo, pero en su momento fue concebida simplemente como arco de entrada a la exposición internacional de 1889. Lo que estaba llamado a ser un elemento de arquitectura efímera terminó, como ya digo, siendo el símbolo más conocido de París y por supuesto de toda Francia.
La torre Eiffel impresiona cuando uno la ve por primera vez tanto por sus muchos puntos de vista (desde abajo, desde arriba, desde el sur, desde el norte ...), como por sus muchos matices y por su originalidad que la convierten en una obra de arte única. 
Pero para mi lo más interesante son las vistas de la ciudad que podemos observar desde las distintas plantas de la torre más concretas y reconocibles que desde cualquier otro lugar de la ciudad, basta con usar levemente el zoom de la cámara y podemos individualizar otros muchos edificios y lugares parisinos: la Cité, Notre Dame, el Arco de Triunfo en la plaza de la Estrella, los Inválidos, el Sena y sus puentes, el Trocadero y sus jardines, la plaza de la Concordia, etc. 
Los tejados de París desde la Torre Eiffel
El río Sena y sus puentes, la gran avenida de París
Jardines del Trocadero.
El Arco de Triunfo desde la Torre Eiffel
Y si esto no fuese suficiente, más llamativo es como al caer la tarde, ya al anochecer, se agolpa una multitud en los jardines del Campo de Marte y en los del Trocadero y otros lugares mucho más lejanos como la escalinata del Sacre-Coeur por ejemplo, para ver iluminarse la torre Eiffel. Lo hace poco a poco, lentamente, y una vez iluminada, a cada hora, durante diez minutos, las luces parpadean produciendo en la muchedumbre una suerte de euforia, pareciera que se da la señal para que en una noche como la vivida por nosotros ese día, la gente se disponga a marchar a los lugares de copas o de paseo para soportar así mejor el calor de julio.



Vista de la Torre Eiffel desde el Trocadero.


La Torre Eiffel como un faro en mitad de la ciudad.





2 de septiembre de 2013

Los cuatro puntos cardinales

 
EL NORTE
Un presente cada vez más pasado que se va diluyendo en la realidad de los días, instalánadose en la grisura del recuerdo mirado a través de un cristal.
EL SUR
Un presente a la puerta del futuro aún por venir, de días azules y ocres, rosáceos y violetas intensos al atardecer cuando la gente va y viene en la indolencia del estío.
EL ESTE
Un sol que se levanta amarillo tenue, agrisando a lo lejos las primeras horas del día.
EL OESTE
Finisterre perdido en la distancia cuando el sol último, en lucha con la luna, va escondiendo los contornos del día.

30 de julio de 2013

Ultima imagen

Por el retrovisor, la ciudad se perfila en múltiples puntos de luz y al fondo, el mar en negro se insinúa.

La vuelta

Zafarrancho de combate, suena a retirada, volvemos a casa.

Estampa nocturna

Hoy no es San Juan, pero la luna llena lo inunda todo.

14 de julio de 2013

Un día de playa

El sol cae inclemente sobre las sombrillas que cubren la arena de la playa cuando inesperadamente una ola arrasa el castillo que un padre y  su hijo construyen en la orilla.

13 de julio de 2013

Feria de San Juan

La feria grita por todas partes la música de moda mientras gira,  en una esquina, un tiovivo.

13 de agosto de 2010

Una nueva aventura.

El verano va avanzando y estamos ya en el puente de agosto lo que supone que pronto habremos de ir pensando en el fin de las vacaciones y la vuelta a la normalidad que supondrá el 1 de septiembre. Pero también el verano muestra unos elementos de "normalidad" como son por ejemplo los incendios forestales, el calor sofocante de estos días, las pocas noticias que la convulsa política nacional genera, e incluso la información sobre la crisis económica está en horas bajas, así que nos conformamos con saber cuales son los fichajes estrella de los equipos de futbol, aunque no seamos aficionados, o los distintos campeonatos deportivos que estas semanas se están celebrando.
Yo por si acaso he comenzado la lectura de un nuevo libro: la noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina, iniciando así una nueva aventura, pues la lectura de un libro debe suponer eso una nueva aventura en la que el descubrimiento de nuevas ideas, de nuevos caminos y en definitiva de nuevas formas de goce personal nos lleve a dilucidar si queremos comenzar otra lectura.
A ésta he llegado tras los ratos pasados bajo el árbol o en la playa con Un dibujo en el viento de Alejandro López Andrada que fiel a su estilo nos ha regalado a sus lectores una obra interesante y recomendable, a pesar de sus reiteradas figuras literarias que recrean una tierra, la suya y la mía, aunque de una forma un tanto idealizada, pero que conforme va publicando sus últimas novelas, considero que va logrando una mayor madurez estilística, lo que hace que sus obras vayan gozando cada vez más del gusto del público, aunque este comentario es algo personal y no siempre llueve a gusto de todos.
En definitiva, cuando llegue septiembre y volvamos a nuestros quehaceres cotidianos, seguiremos buscando aventuras nuevas en otros libros y otros textos que nos enriquezcan y nos hagan reflexionar un poco más sobre la vida misma.

2 de agosto de 2010

Los días que pasan.

I

El otro día amaneció nublado aunque el tiempo era muy caluroso y desde el nuevo mirador del Hércules no se podía apenas distinguir que era el mar y que el cielo dado que los tonos azulones habían dado paso a los plomizos de esos días de verano que parecen amenazar lluvia pero que al final, si acaso cae algo, son algunas gotas gruesas que nada aportan sino un poco de suciedad reflejada en los coches aparcados en la calle.

Nada que ver con esos días grisácdos que este pasado invierno hemos visto sucederse durante semanas y semanas y que descargaban lluvia continuamente.

La quietud que genera estos días nos inunda en el recuerdo de la tranquilidad de muchas tarde de otoño aún no echadas de menos, pero a las que el paso de las semanas nos lleva de forma inexorable; pero de eso ahora no queremos acordarnos, sólo que los mútiples tonos grisáceos nos hacen sentirrnos un poco pesados como el plomo que da color a este día, simplemente eso.

II

El mar andaba un poco revuelto estos días lo que ha echo las delicias de grandes y chicos pues el oleaje servía de juego para unos y otros con gran regocijo para todos. Las olas son juguetonas, van y viene como al azar, pero muchas veces nos decepcionan porque cuando esperamos que lleguen hasta donde estamos nosotros, resulta que se desvían un poco y se van para otro lado y cuando menos lo esperramos nos pillan desprevenidos y nos empujan e incluso nos sobrepasan cubriéndonos por unos segundos en los que perdemos la noción del tiempo, para enseguida reaparecer un tanto atolondrados en la superficie del agua.

Pero este juego nos gusta mucho a mi hijo y a mi, disfrutamos con todo ello, y cuando el mar está tranquilo, que es casi todos los días, echamos de menos las idas y venidas de las olas en ese juegoun tanto perverso que agita nuestros cuerpos como si fueran juncos a la orilla de un río que la corriente mueve, pero sin desplazarse de su sitio.

29 de julio de 2010

Regreso al Hércules.

Hace unos días hemos vuelto al Hércules, más tarde que de costumbre por esas cosas del trabajo, pero ya estamos aqui. Hemos ido a la playa y por supuesto hemos bajado a nuestra piscina, y ¡sorpresa! nuestro árbol y su sobra estaban ocupados, pero no parece algo coyuntural, sino que simplemente otras familias han ocupado el lugar. No obstante, dada la amplitud de los jardines que rodean nuestras pisicnas, hemos hallado un lugar quizá mejor, formado por la sombra de varios árboles que crean un círculo más amplio y además con vistas al mar, un tanto lejano pero casi siempre con sus tonos azulones que contrastan con los verdosos del césped y de lo árboles y arbustos que conforman nuestro jardines. En medio de ambos colores encontramos las torres de apartamentos que a lo largo del tiempo se han ido construyendo entre nuestra urbanización y el mar; edificos modernos con formas más o menos armoniosas pero que rompen, como no podía ser de otra manera, el entorno de la costa, ya muy urbanizada.
En nuestro círculo de sombra hemos encontrado a nuestros amigos habituales de este tiempo de verano. Hemos vuelto a nuestros ratos de baños y charlas de lo cotidiano, de lo ocurrido durante los meses en que cada uno estaba en su lugar de residencia habitual, y de los planes para estos días.
En definitiva hemos vuelto a la rutina estival. Otros ocupan nuestro antiguo árbol, del que nunca supe de que tipo era (el nuevo es un árbol del caucho con varias gruesas ramas y una copa muy extensa que junto con otros situados a su lado nos protegen del calor), allí otras familias, otros niños disfrutan de su vacaciones, como nosotros lo hacemos ahora a unos metros de ellos, pero nosotros ahora frente al mar.

27 de agosto de 2009

CRÓNICA DESDE EL HÉRCULES VI. EL VERANO QUE SE ACABA.

En estos últimos días de agosto parece que el verano va languideciendo, incluso hemos tenido algún día de mal tiempo. Las tertulias bajo el árbol se refieren ahora más a "¿y vosotros cuando os vais?"o la vuelta más o menos inminente al trabajo. Las tardes que ahora se han acortado nos muestran ya la llegada de un próximo otoño, no sabemos si caluroso o no, pero desde luego marcado por la crisis económica y la gripe A que con su goteo continuo de afectados a algunos nos va asustando pues podemos considerarnos población de riesgo.
No sé lo que nos espera pero desde luego, un año más el verano se acaba aunque todavía podamos aprovechar algún fin de semana septembrino, pero está claro que el tiempo pasa y una vez más pronto echaremos la llave de nuestro pisito hasta el año que viene, cuando a partir de la semana santa podamos comenzar a hacer alguna visita esporádica para ir abriendo boca de cara al siguiente verano donde se reanudarán las tertulias bajo el árbol y los baños en la piscina o en la playa, y los juegos de los niños que habrán crecido un poco más. Y en definitiva, el tiempo que no pasa en balde.

7 de agosto de 2009

CRÓNICA DESDE EL HÉRCULES (V). LAS PRIMERAS DESPEDIDAS.

Llega finales de julio y con él las primeras "bajas" de las familias que se cobijan bajo los árboles del Hércules. Ahora hay más gente, la mayoría desconocidos que comienzan sus vacaciones, pero otros, unos desconocidos y otros no, se han marchado de vuelta a sus lugares de origen para retomar en lo posible sus rutinas habituales.
Todos los años ocurre algo similar. Nuestro árbol comienza a cambiar de inquilinos, las voces de otros niños se sienten ahora jugar en las piscinas o en las playas cercanas. Son los mismos juegos y las mismas tertulias relajadas de los mayores que en el mes anterior pero con distintos protagonistas.
Sin embargo algunos permanecemos aquí durante más tiempo y vemos ir y venir a unos y otros, apenas pendientes de lo que ocurre en el mundo cotidianamente porque la vida ahí fuera sigue a la espera del fin de las vacaciones, allá por los últimos días de agosto cuando las despedidas, ahora sí, serán definitivas hasta el año que viene, permaneciendo aquí sólo algunos rezagados que se resisten a volver a casa.

29 de julio de 2009

CRÓNICA DESDE EL HÉRCULES (IV). CONTRASTES EN UNA TARDE DE PLAYA.

Algunas tardes me voy a la playa con mi familia y allí compartimos con múltiples personas a las que generalmente no conocemos, un espacio que según los días es más o menos reducido. Este pequeño territorio viene marcado muchas veces por una sombrilla bajo la cual nos cobijamos del sol, o simplemente nos colocamos a su lado para que los efectos de éste no sean muy nocivos.
Pero desde este lugar podemos apreciar muchas cosas, entre ellas algunos contrastes que hacen de este espacio un lugar peculiar y deseado por casi todos.
CONTRASTE 1
Cuando desde la calle bajamos hacia la playa, son muy diversos, como ya he dicho, los contrastes que nos encontramos comenzando por las sombrillas que cual hongos aparecen diseminadas por doquier. Las hay de rayas, floridas y de colores más o menos chillones, con publicidad o simplemente de un color cualquiera, pero pienso que en cierto modo todas ellas nos muestran la personalidad de las personas o familias que se cobijan bajo las mismas para reservarse de los efectos malignos del sol.
CONTRASTE 2
Si el oleaje es más o menos fuerte también veremos a aquellos que gustan de saltar sobre las olas o introducirse en ellas cuando se acercan, mostrando su alegría; la orilla del mar se muestra más bullanguera y activa, mientras que si por el contrario el mar está más tranquilo, también el movimiento de las personas parece más relajado y el personal se atreve a sumergirse en las aguas.
En la orilla mientras tanto, muchos niños con sus padres jugamos con la arena, intentando crear torres y muros que contengan la llegada del agua, creando carriles y pozos que sean capaces de contener la fugaz embestida del mar y su consiguiente retirada. Pese a todo, la naturaleza nos muestra que es imposible contener su fuerza por lo que solemos terminar por desistir y dedicarnos a otra cosa.
CONTRASTE 3.
Tres son los niveles de realidad visual que se nos muestra en cualquier punto desde la playa:
Abajo nos encontramos con la arena, de tonos ocres y repleta de gentes que juegan, toman el sol o simplemente observan el ir y venir de los paseantes o dejan pasar el tiempo con la mirada perdida en el.
Por encima el mar, de tonos azulones, verdosos o gisáceos, según el momento del día o el tiempo que haga, casi siempre salpicado por numerosos puntos en movimiento, desde los más lejanos que navegan hacia cualquier lugar mar adentro para esconderse en el infinito, hasta las personas que se sumergen en las aguas más someras, solas o en compañía, jugando o nadando, buscando de alguna manera echar un rato en el agua como si de una vuelta al seno materno se tratara.
Y finalmente, el cielo, tonos azulones, y/o plateados surcados de vez en cuento por aviones que dejan su estela blanquecina, o por las gaviotas y otras aves marinas que parecen vislumbrar la playa buscando el hueco que las gentes le puedan dejar en la arena.

Contrastes, en definitiva, en una tarde cualquiera en que paulatinamente el sol nos va marcando el paso del tiempo. Los colores del día van cambiando y mezclándose hasta que poco a poco la luna se va haciendo dueña y señora del espacio, empujándonos a los padres y los niños hacia otros lugares, haciendo que las sombrillas, ya desde hace un rato replegadas se conviertan en meros objetos abandonados de cualquier manera sobre la arena, y en fin, el cielo, el mar y el agua se confunden en una suerte de plano infinito donde el no color comenzará a mostrar otros contrastes hasta la llegada de un nuevo día.

22 de julio de 2009

CRÓNICAS DESDE EL HÉRCULES (III). BARCO SOBRE FONDO NEGRO.

El otro día caminando por el paseo marítimo por la noche en un momento que mi vista se perdió en el mar, por un instante, pude vislumbrar una imagen distinta a la habitual, ya no eran los distintos tonos de negros que la noche nos muestra, ni la luminosidad grisácea de las olas al llegar a la playa no, simplemente me pareció un cuadro de fondo oscuro en el que había tres partes: arriba la luna llena, abajo el mar y su vaivén hacia la playa y en medio el reflejo de la luz de la luna en el agua, mezcla de blanco y amarillo, y sobre él una línea amarilla muy brillante con forma de barco.
Lo que me pareció menos habitual es que parecía un dibujo infantil, esto es un barco formado por tres triángulos sencillos. No tengo fotografía para mostrarla pero cualquiera podría hacer un dibujo sencillo de esta imagen.
La imagen fue muy fugaz, aparentemente nada de particular, si se quiere incluso una imagen tópica del mar, pero que sin embargo me llamó la atención, precisamente por su fugacidad, por su sencillez (casi el dibujo infantil), por el recuerdo de esos sueños que de niño a veces tenía en los veranos calurosos del interior ...
Pronto mi vista se fue hacia otro lado y el barco sobre fondo negro desapareció, sólo se veían ahora sobre el horizonte nocturno del mar algunos puntos rojos y verdes diseminados aquí y allá, son las barcas de la pesca del boquerón que a estas horas rompen la monotonía de la noche con la intensidad de las luces de sus faroles mientras faenan en esta zona, mientras los turistas paseamos indolentes por tierra echando una ojeada de vez en cuando hacia él, ese mar ahora oscuro en el que al contrario que durante el día, los contrastes de color apenas existen pues casi todo es negro y gris y negro claro y luego oscuro y en el medio de todo esto la luna y su reflejo en una noche calurosa de verano.

13 de julio de 2009

CRÓNICA DESDE EL HÉRCULES (II). MI ÁRBOL.


Mi árbol del Hércules tiene forma de sombrilla. Ignoro que especie es, pero es bastante frondoso y da mucha sombra. Aquí es donde habitualmente nos colocamos cuando bajamos a las piscinas. El suelo está sembrado de césped y está rodeado de otros árboles, algunos de ellos enormes, con las raíces al aire y sus sombras siempre suelen estar, al igual que el nuestro, ocupado más o menos por las mismas personas.
Desde mi árbol apenas se ve el mar, pues hay otros árboles que lo impiden, pero si te mueves a pocos metros, enseguida se vislumbra en segundo plano el mar que se pierde a lo lejos con esos tonos azulones cambiantes según el vierto o el reflejo del sol y en el que a veces podemos apreciar algunos puntos en movimiento; delante, una gran cantidad de edificios, torres urbanas que ocupan buena parte del territorio costero, pero que no por ello impiden su visión.
El lugar que rodea a mi árbol es un remanso de paz y tranquilidad, desde aquí nos relacionamos con otras familias que se sitúan junto a nosotros o bien bajo los árboles contiguos, los niños juegan cuando salen del agua, los padres y abuelos charlan de distintas cosas después de meses sin verse. Hablan de las novedades ocurridas, de la poca o mucha gente que hay este año, hacen planes de salidas para las tardes noches, etc.
Se entra en una nueva rutina, más superficial si se quiere, pero distinta en tanto que estos días la agenda está olvidada en la casa y el trabajo es un recuerdo para cuando acaben las vacaciones allá por agosto o septiembre.
Por el tronco de mi árbol suben y bajan un grupo de hormigas que parece que pasearan y no fueran a ningún sitio concreto; por el césped a veces se pasean pavos reales que proceden del cercano parque de la Paloma; de ellos sin duda el rey es un pavo real albino, que este verano todavía no nos ha visitado, pero que pronto probablemente se aparecerá por aquí dando sus gritos llamando a las hembras o bien cuando los chiquillos le persigan para intentar coger alguna de sus plumas.
En los árboles también viven otras aves que revolotean por los alrededores de las piscinas y de los edificios que las rodean: palomas, tordos y gorriones entre otros.
Cuando cae la tarde, las piscinas comienzan a quedarse vacías y los árboles a ser abandonados por los seres urbanos que en verano poblamos sus sombras hasta el día siguiente en el que tras desperezarse la mañana, si no nos surgen otros planes, volveremos a nuestro árbol que en forma de sombrilla nos resguardará del calor de la mañana o que tras la siesta vespertina nos acogerá tras darnos un chapuzón en las aguas cloradas de las piscinas.
(8 de julio de 2009)

7 de julio de 2009

Crónicas desde el Hércules (I).

He comenzado por fin las vacaciones de verano y aquí estoy en el Hércules, el edificio donde tenemos nuestro pequeño estudio cerca de la playa. No es el sitio ideal, pero si un lugar donde hacer uso de esa cierta indolencia que se instala en nosotros cuando comenzamos a darnos cuenta de que no sabemos muy bien si estamos a jueves o viernes, o cuando nos tiramos los ratos muertos debajo de nuestro árbol favorito mientras los niños juegan en la piscina con sus amiguetes conocidos en los veranos anteriores.
Aprovecho el tiempo para leer lo que durante el resto del año me resulta más difícil por falta de tiempo o de ganas después de un día de trabajo, y espero también escribir alguna cosilla o leer el periódico de papel.
Iremos a la playa y veré pasar las olas que van y vienen y a la gente que toma el sol o se baña en el mar, o a mi hijo jugando en la arena mientras su madre hace crochet o lee una revista. Otras veces nos meteremos en el agua en lo que el niño llama la piscina playa para divertirnos saltando entre las olas.
Y por la noche, tras la cena saldremos a pasear o al parque cercano hasta que el sueño se acerque a nosotros y demos por finalizada la jornada sin la rigidez horaria de la rutina cotidiana, porque mañana será otro día y al levantarnos veremos que planes tenemos.
(3 de julio de 2009)