
Es cierto que también los Pedroches han cambiado desde entonces, pero sin embargo la esencia, la identidad tradicional en definitiva de esta comarca siguen estando ahí, una tierra donde las encinas reinan y el matorral completa el puzle de la imagen del paisaje pedrocheño que vamos conservando en la memoria a lo largo del tiempo y que recobramos cuando cruzamos el Calatraveño camino de nuestros pueblos.
Reconocer ese paisaje a través de la memoria del protagonista de la película es quizá lo más interesante, ya que desgraciadamente esa vida triste y gris que podemos ver muestra también la idea que en buena medida se tiene sobre los Pedroches fuera de la comarca como de una zona pobre, sobria y atrasada en la que la vida parece desarrollarse en un puro invierno, donde el tiempo pasa muy lentamente y a donde la modernidad no parece haber llegado.
Es esta una visión errónea de nuestra tierra que tenemos que cambatir: los que estamos fuera, conociendo y promocionando otra imagen más positiva y dinámica, más cercana a la realidad; a los que vivis allí, luchando día a día para que nuestra tierra avance hacia un futuro mejor, pero sin olvidar esas esencias propias y que tan bien reflejadas aparecen en la película y que tan reconocible nos es para todos los que lo llevamos en la memoria.
Nota: las fotografías están realizadas por Antonio Merino y extraidas del blog Solienses.
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