La luna del hereje

Blog de Conrado Castilla

12 de diciembre de 2009

Una experiencia nueva.

Este curso, junto con mis alumnos de 4º de ESO, hemos decidido participar en el programa de El País de los Estudiantes. Cuando se lo propuse, la mayoría del grupo decidió de forma podría decir que entusiasta, participar e incluso desde ese momento comenzaron a hacer propuestas, algunas muy interesantes como por ejemplo recoger información sobre la situación que atraviesan muchas familias lucentinas a causa de la crisis y que se refleja en las colas que se forman en las puertas de las parroquias de la localidad para que Caritas y otras asociaciones repartan bolsas de alimentos. También la cultura, el medio ambiente, el entorno cercano y el deporte tienen cabida en el períodico que queremos elaborar.
Pienso que estos chicos y chicas de 15 a 16 años, y no sólo ellos, están mostrando un grado de conocimiento de la realidad que les rodea mayor de lo que muchas veces creemos y esto es algo que quizá deba llevarnos a pensar y a valorar más a nuestra juventud.
Creo que este tipo de experiencias que tan bien han acogido mis alumnos, siempre son positivas pues de este modo las clases pueden hacerse más fluídas y cercanas a la realidad cotidiana del lugar donde viven y de las gentes con las que se relacionan.
Todos tienen muy claro que lo prioritario es estudiar y sacar adelante su curso, pero también que el instituto no debe ser sólo eso, de ahí que me haya llevado una agradable sorpresa cuando mi propuesta fue tan bien acogida. Ahora nos queda lo más duro que es realizar el trabajo que nos hemos propuesto. Los primeros pasos ya están dados, ahora hay que llegar a la meta en el tiempo previsto.

15 de noviembre de 2009

Como cualquier fin de semana.

Poniendo un poco de orden en mis papeles he encontrado un "diploma" que mis antiguos alumnos de 2º Bachillerato de Cabra me hicieron hace unos años y que dice "para el profesor mister quedan 50 minutos para el fin de semana". Al verlo me he acordado que ese curso los viernes a última hora tenía a ese grupo y como solían estar ya un poco cansados y charlaban más de lo habitual, les decia lo de los 5o minutos para así poder comenzar la clase. Y efectivamente, transcurrido ese tiempo, todos salíamos bien contentos del instituto como cualquier viernes.
Ahora que este fin de semana está terminando y mañana será de nuevo lunes, recuerdo que también entonces como ahora, eran días de vagancia, de algo de bricolage, y si el tiempo acompañaba, de paseo por la plaza Nueva y un rato de charla con los amigos mientras tomábamos una cerveza en algún lugar del centro.
A mediados de otoño y con un tiempo que más parece septiembre que noviembre, y con las calles céntricas adornadas con vistas a la navidad, estamos a punto de volver a nuestra rutina cotidiana tras un no menos rutinario fin de semana. Estamos quizá un poco más descansados que mañana a estas horas, pero dispuestos a continuar con nuestras tareas semanales marcadas en la agenda, y así cuando el viernes falten 50 minutos para acabar la última clase recordaremos que por un par de días, como cualquier fin de semana, el maldito timbre del despertador no nos sonará.

5 de noviembre de 2009

El patrimonio histórico no está de moda.


Definitivamente debo afirmar que el patrimonio histórico no está de moda. Sin embargo, la asociación cultural Torre del Moral, tras muchos años en la brecha, sigue funcionando, pese a ser catalogados sus integrantes de conservadores, de ir contracorriente, y otras cosas más.

Pero sin embargo, ahí está. El próximo viernes día 13 va a mostrar al público lucentino las actuaciones que ha venido llevando a cabo en los últimos años a través de su taller de restauración en el cual se han recuperado diversas piezas interesantes y que hoy están situadas en el santuario de la Virgen de Araceli.

Su participación en las diversas comisiones municipales (cultura, turismo, etc.) se deja notar con numerosas propuestas que desgraciadamente casi nunca son aceptadas: el proyecto de la Plaza Nueva, los alrededores de San Mateo, las aceras de diversas calles, etc.

También cuenta con una página web (http://www.torredelmoral.com/) donde se recogen muchas de las actividades que la asociación lleva a cabo, y también aquí está colgada la revista digital Morana, en la cual, a través de sus distintas secciones se muestra a los lectores diversos trabajos inéditos sobre el patrimonio histórico lucentino y en general sobre la cultura.

Pero a pesar de todo ello, el patrimonio histórico de Lucena sigue desapareciendo, o deteriorándose sin que parezca que la sociedad lucentina asuma la realidad de que se trata de algo importante para el conocimiento de nuestra propia identidad, y así nos va.

14 de octubre de 2009

Piedra y Cal ya está en la red.

Echando un vistazo en Solienses he descubierto que la Asocación Piedra y Cal ya tiene un blog (el enlace está en la canastilla), cosa que me ha alegrado mucho. Es esta una asociación que surgió en Pozoblanco hace unos años con el objetivo de defender y dar conocer el patrimonio histórico de nuestro pueblo.
No sin dificultades, poco a poco la asociación ha ido desarrollando sus actividades, superando los obstáculo que iban surgiendo y alcanzando sus objetivos, así que enhorabuena amigos de Piedra y Cal y a seguir en la brecha.

17 de septiembre de 2009

De vuelta al insti.

Suena el despertador a las 7'30 de la mañana y con los ojos aún cerramos lo paramos, todavía con cierta lentitud. Es hora de levantarse, ir al cuarto de baño, desayunar y prepararse para salir de casa, salvar los obstáculos de la calle en obras y marchar al trabajo. Volvemos a la normalidad, y tan es que así que hasta nos ha llovido y las tormentas han llenado de barro algunas de nuestras calles.
Por la calle Peñuelas la riada no es de agua sino de chicos y chicas que marchan a los institutos y colegios de la zona, todavia a medio desperezar y con las mochilas medio vacías.
Llegamos al insti, saludamos a los compañeros y preparamos las cosas disponiéndonos a dirigirnos a las aulas entre el ruido de la juventud que bulle por los restos del patio y las máquinas de la obra que desde hace un año se ha convertido en un elemento más del paisaje escolar.
Entramos en clase, damos los buenos días y pasamos lista, tras esto comenzamos las primeras explicaciones y las primeras actividades del curso. Poco a poco vamos entrando en materia. Pronto suena la sirena que marca el fin de la clase y rápidamente pasamos a otra cosa y así hasta la hora de la salida que como siempre es recibida con cierto alborozo por todos.
Salimos a la calle para dirigirnos hacia nuestra casa. De nuevo la calle Peñuelas se llena de la gente que aprovechan el trayecto de vuelta para comentar las incidencias del día o hacer planes para la tarde, pues todavía el ritmo del curso propicia que se aprovechen las tardes, cada vez más cortas, para salir por ahí con los amigos.
Pero la noche llega inexorable y pronto hay que acostarse pues a las 7'30 horas del día siguiente hay que volver a levantarse, y volver a la vida cotidiana, un tanto olvidada durante el pasado verano cuando desde la sombra de mi árbol del Hércules, los inquilinos dejábamos pasar el tiempo indolente de tardes largas y trasnochadas tranquilas.
Septiembre, como siempre, nos devuelve a casa para afrontar los retos que se nos puedan plantear hasta el próximo verano cuando con los primeros calores estivales desempolvemos las maletas y un año más apaguemos el despertador y demos temporalmente la espalda a ese recinto que tantas esperanza alberga para algunos y malos ratos para otros, pero para eso todavía queda mucho.

27 de agosto de 2009

CRÓNICA DESDE EL HÉRCULES VI. EL VERANO QUE SE ACABA.

En estos últimos días de agosto parece que el verano va languideciendo, incluso hemos tenido algún día de mal tiempo. Las tertulias bajo el árbol se refieren ahora más a "¿y vosotros cuando os vais?"o la vuelta más o menos inminente al trabajo. Las tardes que ahora se han acortado nos muestran ya la llegada de un próximo otoño, no sabemos si caluroso o no, pero desde luego marcado por la crisis económica y la gripe A que con su goteo continuo de afectados a algunos nos va asustando pues podemos considerarnos población de riesgo.
No sé lo que nos espera pero desde luego, un año más el verano se acaba aunque todavía podamos aprovechar algún fin de semana septembrino, pero está claro que el tiempo pasa y una vez más pronto echaremos la llave de nuestro pisito hasta el año que viene, cuando a partir de la semana santa podamos comenzar a hacer alguna visita esporádica para ir abriendo boca de cara al siguiente verano donde se reanudarán las tertulias bajo el árbol y los baños en la piscina o en la playa, y los juegos de los niños que habrán crecido un poco más. Y en definitiva, el tiempo que no pasa en balde.

7 de agosto de 2009

CRÓNICA DESDE EL HÉRCULES (V). LAS PRIMERAS DESPEDIDAS.

Llega finales de julio y con él las primeras "bajas" de las familias que se cobijan bajo los árboles del Hércules. Ahora hay más gente, la mayoría desconocidos que comienzan sus vacaciones, pero otros, unos desconocidos y otros no, se han marchado de vuelta a sus lugares de origen para retomar en lo posible sus rutinas habituales.
Todos los años ocurre algo similar. Nuestro árbol comienza a cambiar de inquilinos, las voces de otros niños se sienten ahora jugar en las piscinas o en las playas cercanas. Son los mismos juegos y las mismas tertulias relajadas de los mayores que en el mes anterior pero con distintos protagonistas.
Sin embargo algunos permanecemos aquí durante más tiempo y vemos ir y venir a unos y otros, apenas pendientes de lo que ocurre en el mundo cotidianamente porque la vida ahí fuera sigue a la espera del fin de las vacaciones, allá por los últimos días de agosto cuando las despedidas, ahora sí, serán definitivas hasta el año que viene, permaneciendo aquí sólo algunos rezagados que se resisten a volver a casa.

29 de julio de 2009

CRÓNICA DESDE EL HÉRCULES (IV). CONTRASTES EN UNA TARDE DE PLAYA.

Algunas tardes me voy a la playa con mi familia y allí compartimos con múltiples personas a las que generalmente no conocemos, un espacio que según los días es más o menos reducido. Este pequeño territorio viene marcado muchas veces por una sombrilla bajo la cual nos cobijamos del sol, o simplemente nos colocamos a su lado para que los efectos de éste no sean muy nocivos.
Pero desde este lugar podemos apreciar muchas cosas, entre ellas algunos contrastes que hacen de este espacio un lugar peculiar y deseado por casi todos.
CONTRASTE 1
Cuando desde la calle bajamos hacia la playa, son muy diversos, como ya he dicho, los contrastes que nos encontramos comenzando por las sombrillas que cual hongos aparecen diseminadas por doquier. Las hay de rayas, floridas y de colores más o menos chillones, con publicidad o simplemente de un color cualquiera, pero pienso que en cierto modo todas ellas nos muestran la personalidad de las personas o familias que se cobijan bajo las mismas para reservarse de los efectos malignos del sol.
CONTRASTE 2
Si el oleaje es más o menos fuerte también veremos a aquellos que gustan de saltar sobre las olas o introducirse en ellas cuando se acercan, mostrando su alegría; la orilla del mar se muestra más bullanguera y activa, mientras que si por el contrario el mar está más tranquilo, también el movimiento de las personas parece más relajado y el personal se atreve a sumergirse en las aguas.
En la orilla mientras tanto, muchos niños con sus padres jugamos con la arena, intentando crear torres y muros que contengan la llegada del agua, creando carriles y pozos que sean capaces de contener la fugaz embestida del mar y su consiguiente retirada. Pese a todo, la naturaleza nos muestra que es imposible contener su fuerza por lo que solemos terminar por desistir y dedicarnos a otra cosa.
CONTRASTE 3.
Tres son los niveles de realidad visual que se nos muestra en cualquier punto desde la playa:
Abajo nos encontramos con la arena, de tonos ocres y repleta de gentes que juegan, toman el sol o simplemente observan el ir y venir de los paseantes o dejan pasar el tiempo con la mirada perdida en el.
Por encima el mar, de tonos azulones, verdosos o gisáceos, según el momento del día o el tiempo que haga, casi siempre salpicado por numerosos puntos en movimiento, desde los más lejanos que navegan hacia cualquier lugar mar adentro para esconderse en el infinito, hasta las personas que se sumergen en las aguas más someras, solas o en compañía, jugando o nadando, buscando de alguna manera echar un rato en el agua como si de una vuelta al seno materno se tratara.
Y finalmente, el cielo, tonos azulones, y/o plateados surcados de vez en cuento por aviones que dejan su estela blanquecina, o por las gaviotas y otras aves marinas que parecen vislumbrar la playa buscando el hueco que las gentes le puedan dejar en la arena.

Contrastes, en definitiva, en una tarde cualquiera en que paulatinamente el sol nos va marcando el paso del tiempo. Los colores del día van cambiando y mezclándose hasta que poco a poco la luna se va haciendo dueña y señora del espacio, empujándonos a los padres y los niños hacia otros lugares, haciendo que las sombrillas, ya desde hace un rato replegadas se conviertan en meros objetos abandonados de cualquier manera sobre la arena, y en fin, el cielo, el mar y el agua se confunden en una suerte de plano infinito donde el no color comenzará a mostrar otros contrastes hasta la llegada de un nuevo día.

22 de julio de 2009

CRÓNICAS DESDE EL HÉRCULES (III). BARCO SOBRE FONDO NEGRO.

El otro día caminando por el paseo marítimo por la noche en un momento que mi vista se perdió en el mar, por un instante, pude vislumbrar una imagen distinta a la habitual, ya no eran los distintos tonos de negros que la noche nos muestra, ni la luminosidad grisácea de las olas al llegar a la playa no, simplemente me pareció un cuadro de fondo oscuro en el que había tres partes: arriba la luna llena, abajo el mar y su vaivén hacia la playa y en medio el reflejo de la luz de la luna en el agua, mezcla de blanco y amarillo, y sobre él una línea amarilla muy brillante con forma de barco.
Lo que me pareció menos habitual es que parecía un dibujo infantil, esto es un barco formado por tres triángulos sencillos. No tengo fotografía para mostrarla pero cualquiera podría hacer un dibujo sencillo de esta imagen.
La imagen fue muy fugaz, aparentemente nada de particular, si se quiere incluso una imagen tópica del mar, pero que sin embargo me llamó la atención, precisamente por su fugacidad, por su sencillez (casi el dibujo infantil), por el recuerdo de esos sueños que de niño a veces tenía en los veranos calurosos del interior ...
Pronto mi vista se fue hacia otro lado y el barco sobre fondo negro desapareció, sólo se veían ahora sobre el horizonte nocturno del mar algunos puntos rojos y verdes diseminados aquí y allá, son las barcas de la pesca del boquerón que a estas horas rompen la monotonía de la noche con la intensidad de las luces de sus faroles mientras faenan en esta zona, mientras los turistas paseamos indolentes por tierra echando una ojeada de vez en cuando hacia él, ese mar ahora oscuro en el que al contrario que durante el día, los contrastes de color apenas existen pues casi todo es negro y gris y negro claro y luego oscuro y en el medio de todo esto la luna y su reflejo en una noche calurosa de verano.

13 de julio de 2009

CRÓNICA DESDE EL HÉRCULES (II). MI ÁRBOL.


Mi árbol del Hércules tiene forma de sombrilla. Ignoro que especie es, pero es bastante frondoso y da mucha sombra. Aquí es donde habitualmente nos colocamos cuando bajamos a las piscinas. El suelo está sembrado de césped y está rodeado de otros árboles, algunos de ellos enormes, con las raíces al aire y sus sombras siempre suelen estar, al igual que el nuestro, ocupado más o menos por las mismas personas.
Desde mi árbol apenas se ve el mar, pues hay otros árboles que lo impiden, pero si te mueves a pocos metros, enseguida se vislumbra en segundo plano el mar que se pierde a lo lejos con esos tonos azulones cambiantes según el vierto o el reflejo del sol y en el que a veces podemos apreciar algunos puntos en movimiento; delante, una gran cantidad de edificios, torres urbanas que ocupan buena parte del territorio costero, pero que no por ello impiden su visión.
El lugar que rodea a mi árbol es un remanso de paz y tranquilidad, desde aquí nos relacionamos con otras familias que se sitúan junto a nosotros o bien bajo los árboles contiguos, los niños juegan cuando salen del agua, los padres y abuelos charlan de distintas cosas después de meses sin verse. Hablan de las novedades ocurridas, de la poca o mucha gente que hay este año, hacen planes de salidas para las tardes noches, etc.
Se entra en una nueva rutina, más superficial si se quiere, pero distinta en tanto que estos días la agenda está olvidada en la casa y el trabajo es un recuerdo para cuando acaben las vacaciones allá por agosto o septiembre.
Por el tronco de mi árbol suben y bajan un grupo de hormigas que parece que pasearan y no fueran a ningún sitio concreto; por el césped a veces se pasean pavos reales que proceden del cercano parque de la Paloma; de ellos sin duda el rey es un pavo real albino, que este verano todavía no nos ha visitado, pero que pronto probablemente se aparecerá por aquí dando sus gritos llamando a las hembras o bien cuando los chiquillos le persigan para intentar coger alguna de sus plumas.
En los árboles también viven otras aves que revolotean por los alrededores de las piscinas y de los edificios que las rodean: palomas, tordos y gorriones entre otros.
Cuando cae la tarde, las piscinas comienzan a quedarse vacías y los árboles a ser abandonados por los seres urbanos que en verano poblamos sus sombras hasta el día siguiente en el que tras desperezarse la mañana, si no nos surgen otros planes, volveremos a nuestro árbol que en forma de sombrilla nos resguardará del calor de la mañana o que tras la siesta vespertina nos acogerá tras darnos un chapuzón en las aguas cloradas de las piscinas.
(8 de julio de 2009)