17 de octubre de 2010

Una incierta mirada.

Desde hace unas semanas tengo sobre mi mesa el último número de la revista Andalucía en la Historia, en la cual va un dosier titulado "Nuevas miradas sobre la Guerra Civil". Pero lo que me ha llamado mucho la atención es la fotografía de la portada, en la que aparece un niño vestido de miliciano que nos mira fijamente y cuyo autor es Robert Capa.
El niño parece mirar hacia la lejanía, posa como un mayor que juega a la guerra sin saber muy bien de que va todo lo que está viviendo, pero si que me parece una mirada inquietante con una media sonrisa algo forzada que no sabemos si es de temor o de alegría.
Es esta una imagen que sin duda pretende captar la bisoñez de muchos de los soldados que lucharon en el bando republicano sin saber muy bien porque lo hacían. No muestra la fiereza del soldado profesional ni la rabia del vencido. Es una mirada fresca y tranquila la que nos mira desde la portada de la revista que sin duda inquieta tanto más que por lo que la vista del niño puede vislumbrar en una distancia marcada por el objetivo de la cámara como por el miedo al futuro incierto que la guerra generaba en aquel momento y que pasados unos años habría de mostrar su cara más terrible de represión, miseria y muerte.

Lectura poética del Romanticismo.

El próximo viernes 23 de octubre a las 21'30 horas tendrá lugar un nuevo recital poético en la biblioteca municipal de Lucena, en esta ocasión estará dedicado a homenajear a los poetas del Romanticismo. Esta lectura poética está organizada por la delegación de juventud del Ayuntamiento y la asociación El Naufragio y además de diversos lectores colabora la asociación cultural Artefacto de Rute. Espero que sea un éxito tal como fue el homenaje a Miguel Hernández.








1 de octubre de 2010

Vecinos.

Como seres sociales que somos, todos tenemos vecinos. Cuando salimos a la calle solemos encontrarnos con ellos. Dependiendo del tiempo que llevemos viviendo en esa calle y lo sociables que seamos tendremos más o menos relación. Con la mayoría la relación es bastante escasa se limita a desearnos buenos días y poco más, sin embargo, cuando pasa un tiempo y pese a esa relación más o menos superficial, terminamos por integrarnos, por asi decirlo, en ese grupo heterogéneo que forman la vecindad. Es un grupo abierto pues no estamos hablando de los habitantes de un bloque de pisos en los que se quiera o no tiene que haber una relación a causa de los intereses que esa comunidad puede acarrear, sino de los vecinos de la calle, del barrio en que vivimos.
A veces, cuando se coincide con alguno de ellos en algún lugar fuera del barrio comenzamos a conocerlos un poco más: en que trabajan, de donde son si han venido de fuera, los hijos que tienen y otras muchas cosas.
Mi barrio se articula sobre todo en torno al pasaje y jardines de la Estrella y toma su nombre de una antigua huerta que existía en ese lugar. No es muy grande, por lo que poco a poco vamos conociendo, al menos de vista a la gente que vive allí. El parque hace acudamos allí con nuestro hijo y la relación que éstos establece con otros niños lleva a que también los padres terminemos teniendo algún tipo de relación, unas veces de amistad, otras simplemente de buena vecindad.
Los vecinos, cada uno con sus intereses y formas de ver las cosas simplemente tenemos en común la vinculación con el barrio donde vivimos, mayor o menor según el interés y hasta donde uno quiera llegar para integrarse en las actividades que se organicen en común en el mismo, pero sin duda, es una magnífica forma de socialización que a veces se canaliza a través de asociaciones y otras, las más, simplemente por el mero hecho de cruzarse un día detrás de otro por la calle y desearse buenos días se termina por conocer a aquellos que tenemos más cerca y que cuando los vemos fuera de nuestra localidad, conocemos y por lo general nos da alegría verlos.
 
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La luna del hereje por Conrado Castilla Rubio se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 España.