8 de enero de 2013

Toda la belleza del mundo.

Hace un par de meses encontré en internet el libro del poeta checo Jaroslav Seifert (http://es.wikipedia.org/wiki/Jaroslav_Seifert) que lleva por título "Toda la belleza del mundo" que es un libro de memorias que publicó en 1985, un año antes de su muerte.
Seifert fue premio Nobel de literatura en 1984, y no fue hasta un año después que aparecieron sus primeras obras traducidas a nuestro idioma. De 1985 data la breve antología poética que publicó la editorial Orbis y que desde que la lei por primera vez pasó a formar parte de mis poetas favoritos.
En estos días estoy leyendo las memorias de Seifert y aunque sólo llevo la primera parte no he podido sustraerme a la tentación de escribir algo sobre este libro y sobre su autor.
En principio debo decir que a través de esta obra el "principe de las letras checas" como es conocido, nos muestra a la ciudad de su infancia, los paisajes urbanos de su juventud, pero también los cambios que la ciudad va experimentando a lo largo del tiempo. Nos muestra igualmente una galeria de personajes, todos ellos reales, sobre todo intelectuales y artistas con los que se relacionó (Vladimir Holan, Nezval, etc.), pero al mismo tiempo también nos va dejando reflexiones sobre la literatura, el arte y en definitiva la vida que le tocó vivir.
Seifert en esta obra nos muestra en pocas y preciosas palabras lo que cree que es la poesía:
"Creo, pero si he de ser sincero diré más bien sólo opino, que lo que suele llamarse poesía es un gran misterio único, del  cual el poeta, y concretamente cada uno, desvela un poco o un mucho. Luego deja la pluma o cierra la máquina de escribir, se queda pensativo y, al anochecer, muere."  
Su vida no fue fácil, sobrevivió a dos guerras mundiales y a unas relaciones no siempre fáciles con el régimen socialista que gobernó  su país durante largo tiempo tras la II Guerra Mundial.
El premio Nobel le fue concedido porque "con su poesía de una sensualidad ardiente y de gran riqueza de invención, da una imagen liberadora de la humanidad indomable y diversa".
Con motivo de su muerte escribí un poema en las guardas de la breve antología y que luego recogí en mi  primer libro y que dice así:

Recuerdo tu muerte como algo cercano,
recuerdo tu vida como algo olvidado,
desconocido en el silencio
de una lengua hostil.

Tu rosa para mi ha renacido
quizá apagada, aun desconcertada,
pero en rojo vivo,
vivo si porque no has muerto.

La ciudad de tu recuerdo
es mi recuerdo.
Los árboles de tu deseo,
mi deseo.
Tus sueños a la ribera del río
mis sueños,
¡pero ay! tus versos,
tus versos no son mis versos,
ni mis letras forman tus palabras,
pero tu espíritu es mi espíritu ...

Renace en  mi poeta de luna
con alas de bosque verde libre.

Silencio, el poeta duerme.
El poeta duerme en el regazo
de su musa, hoy al fin suya ...
       (Tres esquinas y una más, pág. 86)


 
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La luna del hereje por Conrado Castilla Rubio se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 España.